De niños, muchos hemos leído las historias de Tom Sawyer y Huckleberry Finn. Impresionaban la naturaleza brutal de esos tiempos, con violencia, alcoholismo y racismo, pero también desataban la curiosidad y las ganas de viajar. Todo gracias a Mark Twain.

Su verdadero nombre era Samuel Clemens, y su vida era tan caótica como las de sus personajes. Nació poco después de que apareciera el cometa Halley y como él mismo vaticinó, murió un día después de que este volviera. Algunos se refieren a él como “el padre de la literatura estadounidense”.

Un dato menos conocido es su amor por los gatos, a los que respetaba más que a la gente. “Si se pudiera cruzar al hombre con el gato, el hombre mejoraría, pero el gato se deterioraría,” escribió.

Se rodeó de hasta 19 gatos en distintos periodos de su vida, y les puso imaginativos nombres como Apollinaris, Beelzebub, Blatherskite, Buffalo Bill, Satan, Sin, Sour Mash, Tammany, Zoroaster, Soapy Sal, Pestilence, y Bambino.

Esta atracción felina se tradujo en sus escritos, y los gatos aparecen en sus mejores obras. Una de sus historias postumas, llamada Concerning Cats: Two Tales by Mark Twain, cuenta dos historias de gatos que solía leerles a sus hijas para que se durmieran.

Se dice que Twain no podía vivir sin gatos, así que cuando se iba de vacaciones pedía a alguien que le “alquilara” los suyos. Según un artículo de New England Today, este episodio ocurrió en New Hampshire en 1906. Su biógrafo, Albert Bigelow Paine estaba ahí cuando el autor alquiló 3 gatitos para el verano. “No quería quedárselos, porque tendría que dejarlos atrás desatendidos, así que prefería alquilarlos y pagar lo suficiente para asegurar sus futuros cuidados.”

Twain no es el único gigante de la literatura que adoraba los gatos. Los autores Ernest Hemingway, T.S. Eliot y Patricia Highsmith comparten su pasión felina. ¿Quizá hay algo en la sensibilidad literaria que combina bien con la naturaleza de los gatos?

La revista Smithsonian afirma que el gato favorito de Twain fue Bambino, que originalmente fue de su hija Clara. Cuando se perdió, Twain escribió un anuncio en el periódico, ofreciendo una recompensa, que decía así: “Grande e intensamente negro, de pelaje grueso y aterciopelado, tiene una débil franja de pelo blanco recorriendo su pecho, y no es facil de encontrar bajo una luz ordinaria.”

Os dejamos con una frase de su noverla de 1894 Pudd’nhead Wilson: “Un hogar sin un gato, un gato bien alimentado, bien querido y propiamente reverenciado, puede ser un hogar perfecto, pero, ¿cómo puede demostrarlo?”

Esto es lo que dijo la gente sobre estas raras y fascinantes fotos