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Aunque hace una década, los memes parecían una simple moda de internet, a estas alturas es seguro que seguirán vigentes de una forma u otra. Al fin y al cabo, lo que hace que un meme sea un meme es que, dentro de sus imágenes o texto, hay una emoción clave con la que la mayoría de la gente se identifica.

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Hemos creado una lista de memes aleatorios para ayudarte a sobrellevar el día en caso de que se te haya estropeado la cafetera. Así que ponte cómodo mientras navegas, vota por tus favoritos y no olvides compartir tu opinión en la sección de comentarios.

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    En la antigua era digital de principios de la década del 2000, los memes eran como los extraños fósiles subterráneos de internet. Si te encontrabas riéndote de un bebé pixelado que bailaba o de un gato pidiendo "cheezburgers", probablemente formabas parte de un pequeño grupo demográfico de pioneros, alimentados por la cafeína, que se escondían en foros.

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    En aquel entonces, explicarles un meme a tus padres era una tarea inútil que solía terminar con ellos preguntándote si tu computadora tenía un virus. Hoy en día, los memes han experimentado un drástico salto evolutivo, transformándose de chistes internos de nicho en el principal lenguaje de la comunicación global.

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    Hemos llegado a un punto en el que una imagen granulada de un político confundido o un shiba inu con la mirada sentenciosa puede influir en los mercados bursátiles, influir en las elecciones y determinar qué música llega a lo más alto de las listas de éxitos. La popularización del meme es, en esencia, la historia de cómo el mundo decidió que la gramática tradicional era opcional, pero las "vibras" eran obligatorias.

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    Este cambio fue impulsado por el auge del smartphone, que convirtió a cada ser humano en un centro de distribución de contenido ambulante y parlante. Ya no solo consumimos cultura, sino que la remezclamos. Cuando ocurre un acontecimiento cultural importante, como una metedura de pata cinematográfica o una entrevista incómoda con un famoso, internet no espera a que las noticias de la mañana le digan qué pensar. En cambio, en cuestión de minutos, la mente colectiva ha producido miles de macros de imagen y vídeos cortos que condensan todo el evento en un único y convincente remate.

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    Pero más allá del humor, existe un auténtico poder sociológico en la forma en que los memes se han popularizado. Se han convertido en un lenguaje universal que trasciende fronteras. Una persona en Tokio, un estudiante en Londres y un granjero en Nebraska pueden ver la misma foto del "Novio Distraído" y entender exactamente lo que significa sin necesidad de traducir una sola palabra.

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    Los memes ofrecen una forma abreviada de expresar emociones humanas complejas, permitiéndonos expresar ansiedad, alegría o temor existencial a través de una rana de dibujos animados o una señora gritando en la mesa. Son el arte popular del siglo XXI, nacidos de abajo a arriba en lugar de de arriba a abajo, brindando a todos con conexión wifi la posibilidad de participar en la conversación global.

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    Vivimos en un cómic gigante e interactivo donde los personajes somos nosotros, nuestras mascotas y nuestras frustraciones compartidas. Ya sea un baile viral o una captura de pantalla ingeniosamente subtitulada de un anime de los 90, los memes son el pegamento que mantiene unidas nuestras fragmentadas vidas digitales. Ya no son solo "chistes de internet", sino el corazón de la cultura moderna, demostrando que, a veces, la mejor manera de comprender el mundo es a través de un chiste muy oportuno sobre un gorila o un niño pequeño de aspecto sospechoso.

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