Todos hemos pasado por el momento de escuchar a alguien decir algo tan absurdo que nos resulta gracioso, y, después de soltar unas cuantas risas, darnos cuenta de que aquello no era una broma y buscar salir de esa situación incómoda.
Esta es una experiencia muy común, y una de las mejores maneras de superar ese recuerdo vergonzoso es hablar de ello con alguien. Eso fue justo lo que hicieron estas personas en un hilo de Reddit hace algunos años, al compartir sus experiencias sobre momentos que los hicieron pensar: “Espera, ¿lo dices en serio…?”.
Pandas, si ustedes también han tenido momentos incómodos como estos, nos encantaría que los compartieran en los comentarios de abajo.

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Conocí a un conspiracionista en una cafetería. Me explicó que todos los avances tecnológicos desde la Segunda Guerra Mundial son obra de extraterrestres, que el presidente Truman firmó un acuerdo con ellos y que, a cambio de darnos microondas y ordenadores, pueden abducir a algunas personas para realizar pruebas. Según él, la desaparición del vuelo de Malasia ocurrió porque necesitaban a mucha gente.
Pues deberían de compartirnos la cura para el cáncer y llevarse a cambio a cierto político de piel naranja entre otros.
Entiendo que haya personas que crean en la Biblia, pero nunca pensé que algunas interpretaran todas sus historias como la verdad absoluta, en lugar de verlas como relatos con enseñanzas para la vida. Un compañero de trabajo aseguraba que los dinosaurios no existieron porque no aparecen en la Biblia. Me reí creyendo que bromeaba, pero hablaba en serio.
Un desconocido me llamó afeminado porque sé preparar huevos revueltos.
Estábamos en una semana de campamento cristiano aquí en el Reino Unido, y había algunos estadounidenses. En un momento, encontré una piedra en la playa con fósiles muy interesantes y se la estaba mostrando a unos niños. Uno de los estadounidenses empezó a explicar que Dios había puesto los fósiles en la Tierra para confundir a quienes confiaban en sus propias observaciones en lugar de en la Biblia. Naturalmente, pensé que estaba bromeando y me eché a reír, pero él se ofendió mucho.
Fue a quejarse de mí con quienes organizaban el campamento, y, al principio, también creyeron que era una broma y se rieron.
¡Último momento!: “Oleada de compras de papel higiénico por pánico generalizado”.
Yo en casa: “Jajaja”.
Yo en el mercado: “Un momento… ¡Era en serio!”.
“Es ridículo que los anuncios de tampones no estén prohibidos. El simple hecho de que aparezcan en espacios públicos demuestra que las mujeres tienen demasiado poder”.
No se trataba de un anuncio particularmente explícito ni inapropiado. Era uno genérico, centrado en la comodidad y eficacia. Tardé un rato en entender que este hombre hablaba en serio.
Mi momento fue cuando un compañero de trabajo me aseguró que el cambio climático no existe porque “tiene un amigo en Inglaterra y allí está nevando”.
Fue uno de esos momentos en los que el cerebro se bloquea por completo y lo único que puedes hacer es darte la vuelta e irte.
En la secundaria tenía un amigo muy reservado respecto a su vida amorosa. En una ocasión le gustaba alguien, pero no quería decir nada, así que pasé semanas insistiendo e intentando adivinar. Al final accedió a decirme quién era y dije: “¡Por fin! ¿Quién es la chica?”. Me contestó: “No es una chica…”. Me reí, creyendo que era una broma, y le insistí: “Vamos, en serio, ¿quién es?”. Solo me miró fijamente. Fue un momento bastante vergonzoso para mí. ¡Hoy en día él y su novio son muy felices!
Mi momento fue cuando mi padre, de 60 años, me contó que se había fracturado la cadera haciendo parapente al caer sobre el techo de su hotel.
Actualización: Cabe aclarar que el accidente ocurrió para el cumpleaños número 60 de mi padre y fue su intento de celebrarlo de forma “loca y espontánea”.
La mujer a la que le alquilamos el departamento nos dijo muy seriamente: “Hay algo de lo que debo advertirles”. Tras ese comentario tan solemne, nos preparamos para lo peor. “Los últimos inquilinos dicen que el departamento está embrujado”, continuó. Nos reímos y dijimos: “¡Buena broma! Sonaste muy seria al principio”. Ella se quedó mirándonos en silencio; no bromeaba.
En la veterinaria donde trabajo había un residente mormón que había crecido en un entorno extremadamente aislado del mundo exterior.
Un día, llegó al trabajo en estado de pánico. La noche anterior había dado su primer beso; le pidió matrimonio a la chica y estaba preocupado por la fecha de la boda. Estaba totalmente convencido de que la había dejado embarazada con solo un beso. ¡Totalmente convencido!
Tardé en darme cuenta de qué era lo que lo tenía tan alterado, porque la situación me resultaba absurda. A esas alturas, él ya había ayudado en el parto de cientos de gatos y perros, así que yo había asumido que no solo conocía la anatomía reproductiva animal, sino también la humana.
Un compañero de trabajo me aseguró que la Tierra es plana. Nunca antes había conocido a un auténtico terraplanista en persona.
Ayer mi madre me llamó convencida de que tengo coronavirus. En realidad, tengo alergias estacionales y ningún síntoma asociado al virus. Luego me dijo que los científicos habían descubierto que el virus no sobrevive a temperaturas superiores a 56 °C. Al principio me emocioné, pensando que se había logrado un avance y que quizá me había perdido el anuncio en las noticias. Después remató diciendo: “Claro, por eso dicen que si enchufas un secador y respiras el aire caliente, el virus se muere y tú te curas”.
Me eché a reír, creyendo que era una broma. Al oírme, ella se ofendió y aseguró que se trataba de un “video científico real” que había visto en Facebook. ¡Increíble!
A ver, prueba un bañito caliente. Llenas la bañera, te metes, enchufas la tostadora...o el secador y lo metes en el agua para un efecto jacuzzi, a que funciona
Asistí un par de veces a una iglesia bautista del sur. En una oportunidad, el predicador afirmó que la Tierra tenía entre 6.000 y 8.000 años de antigüedad (o algún número igual de absurdo). Tuve que contener la risa.
Más tarde, se lo conté a una amiga y, cuando estaba por hacer un comentario mordaz, me interrumpió para expresar lo contenta que estaba de que el pastor no tuviera problemas para decir la verdad. Empecé a reír pensando que era una broma.
Ella tiene una buena formación académica, pero claramente no simpatiza mucho con la ciencia. Luego procedió a decirme que cosas como la datación por carbono no han sido probadas. En cambio, la Biblia sí es una prueba sólida.
Trabajo como instructor de primeros auxilios en Alemania y estaba dando una capacitación para el personal de una residencia de ancianos. Una mujer comentó que había leído en Facebook que, cuando alguien sufre un derrame cerebral, basta con pincharle el dedo con una aguja para que se produzca una supuesta igualación de presión en el cerebro.
Empecé a reírme porque pensé que era una broma, pero ella hablaba totalmente en serio. Tuve que explicarle que eso no es verdad, que es crucial llamar a una ambulancia porque un derrame cerebral es extremadamente peligroso, y que Facebook no es un buen lugar para informarse sobre temas médicos.
Tengo un tío político con estudios de licenciatura y posgrados que en una ocasión le contaba a la familia reunida que si alguien presentaba indicios de un derrame cerebral había que pincharle cada uno de los dedos de las manos y pies, así como los lóbulos de las orejas, que sangraran todos un poquito y con eso bastaba para aliviar el derrame. Lo dijo con una certeza que todos nos quedamos en silencio esperando a ver si se reía o algo, pero no, lo decía muy en serio.
Le pregunté a un compañero de trabajo el nombre de su hijo y respondió “Legolas”. Me reí por unos segundos, hasta darme cuenta de que no era una broma. Su hijo realmente se llama así.
Cuando estaba en el secundario, un amigo me envió un mensaje por MSN que decía: “Mitch ha muerto”.
Pensé que nuestro compañero se había metido en algún lío y respondí: “Jajaja, ¿qué hizo ahora?”.
Resulta que había tenido un aneurisma cerebral de camino a su casa, al salir de la escuela.
Esto ocurrió hace unos años. No recuerdo cómo surgió el tema, pero sí tengo muy presente que mi hermana mayor dijo: “En Egipto no hay edificios modernos, solo pirámides”.
Al despertar de la anestesia general, una de las enfermeras que estaba junto a mi cama me dijo con delicadeza que mi corazón se había detenido durante la intervención.
Al principio creí que estaba soñando y no lo tomé en serio. Luego llegó mi padre y vi el pánico reflejado en su rostro. Más tarde llamé a mi madre, y estaba claro que había estado llorando sin parar. Entonces comprendí que realmente había pasado.
Una vez alguien le dijo a una amiga mía: “Un momento, ¿eres china? Siempre pensé que eras asiática”.
Con toda la publicidad que le han metido a la página, cada vez tiene menos contenido, además de que resulta difícil concentrarse en lo que se lee si permanentemente hay cuadros en movimiento por todas partes. Entiendo que necesitan el dinero pero, por favor, busquen un equilibrio.
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