20 actos divertidos, reconfortantes y desquiciados realizados por personas “caóticamente buenas”
En el juego de rol Calabozos y Dragones, la identidad de un personaje se determina en parte por su “alineación”. Esta es una pauta general que describe a grandes rasgos sus actitudes morales y personales, normalmente clasificadas según los ejes de la ley frente al caos y el bien frente al mal.
Esto permite 9 combinaciones, una de las cuales es “caótico bueno”. Alguien que pertenece a este grupo tiene un corazón bondadoso y un espíritu libre. Actúa según su conciencia, sin prestar mucha atención a lo que los demás esperan de él.
A la gente le encanta este arquetipo y, para mostrar todo su potencial, incluso comparten en Internet historias sobre cómo se manifiesta en la vida real. ¡Aquí están las más interesantes!

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Tengo un amigo llamado Iván. Hace unos años yo era muy pobre. Tan pobre que cuando tenía que pagar el alquiler, pasaba hambre durante dos semanas hasta que me pagaran.
En fin, una vez, mi amigo Iván vino a visitarme y me pidió algo de beber, y le dije que tenía agua en el refrigerador.
Vio que eso era todo lo que tenía, una botella de agua. Revisó mis gabinetes, yo pensé que estaba buscando un vaso, así que le dije en qué gabinete estaban los vasos.
Solo me dijo: “Amigo, vuelvo en 30 minutos”.
Treinta minutos después, apareció con diez bolsas de comida. Le dije: “Amigo, no me habrás comprado…”.
Me interrumpió y me preguntó: “¿Cuándo fue la última vez que comiste?”.
No me atreví a contestarle y él simplemente me dijo: “Sí, lo hice”.
Nunca lo olvidaré.
Una vez al año, aparece un anciano que compra todas las entradas para el cine en el que trabajo, las seis salas, y lo convierte en un día de entrada gratuita para que cualquiera pueda ir al cine, en honor a su difunta esposa. Además, es muy discreto, no aparece en persona ni pide nada a cambio.
Entonces, ¿el fin justifica los medios? Peter Singer, filósofo moral y profesor de Bioética de la Universidad de Princeton, dice que sí.
“Rechacé y sigo rechazando la idea de que hay algunas cosas que siempre están mal, sin importar las consecuencias”, explicó en una entrevista para NPR.
“Creo que las consecuencias determinan lo que está bien o mal. Y no hay principios morales absolutos que impongan no hacer algo bajo ninguna circunstancia”. ¡A los caóticos les encantaría escuchar esto!
Esto pasó en un restaurante. Faltaba un cocinero. Faltaban dos meseros. Había mucho trabajo. Tanto el cocinero como los meseros hacían todo que podían. Una madre que estaba en una mesa se acercó, habló con un mesero y, de repente, empezó a hacer de mesera, tomaba pedidos de bebidas y las rellenaba. Todo eso por media hora hasta que llegó otro mesero para relevarla. Espero con todas mis fuerzas que no le hayan cobrado la comida.
El filósofo Peter Singer ha construido su vida en torno a la idea de que la lógica y el cálculo son mejores guías para el comportamiento moral que los sentimientos y las intuiciones.
La razón dice que nuestro sufrimiento no vale más que el de otra persona. Si creen que todas las vidas son iguales (la mayoría de la gente dice que sí), deben tomar decisiones que limiten al máximo el sufrimiento, sin importar si ese sufrimiento es de ustedes, de un animal en una granja industrial o el de un desconocido al otro lado del mundo.
Estaba en un mercado de Mozambique con un guía. El guía le preguntó a un vendedor si tenía algún pangolín “BIEN fresco” (una especie en peligro de extinción). El vendedor le mostró una caja con dos pangolines vivos. El guía me miró y me gritó “¡Corre!”, le dio un puñetazo al vendedor, agarró la caja y salió corriendo hacia donde habíamos dejado el coche. Luego, ese mismo día, liberó a los animales. Fue un viaje interesante.
Esto sucedió ayer en el trabajo. Una niña y su madre entraron y compraron unos sandwiches. La niña quería un brownie. Pagaron en efectivo y les faltaban como tres dólares para el brownie. La niña no hizo berrinche ni nada, pero se puso bastante triste. Yo iba a dárselo de todos modos, pero antes de que pudiera decir algo, el hombre que estaba detrás de ellas dijo: “Me gustaría comprar todos los brownies excepto cinco”. Hay que tener en cuenta que eran como 40 brownies, unos 110 dólares en total. Luego de eso, le dio todos los brownies a la niña, para lo que se necesitaron tres bolsas. La chica estaba encantada y todos los demás se reían. Nunca te olvidaremos, hombre de los brownies.
“Creo que el fin justifica los medios”, añade Singer. “Pero, por supuesto, los malos fines no justifican los medios. Y si los medios implican dañar a las personas y hay existen otros medios que se podrían haber tomado, entonces se deben tomar esos”.
“Pero si la única forma de evitar que ocurra algo malo es hacer algo que en sí mismo sería malo, pero no tan malo como lo que se está tratando de evitar, entonces está justificado recurrir al mal menor en lugar de permitir que ocurra el mal mayor”, afirma el filósofo.
Una amiga trabajaba en la sala de urgencias mientras estaba estudiando. Un día llegó una mujer que se había roto el brazo cuando alguien le robó el bolso. Mientras atendían a esa mujer, llegó un hombre que había sido atropellado por un camión después de que el conductor lo viera robar el bolso de una mujer y huir. El bolso fue devuelto.
Mis padres se robaron el perro de mis vecinos y se lo dieron a otra familia porque sufría maltrato.
No es algo que yo haya visto, sino algo que vio mi hermano. Estaba en un autobús en Londres y subió una mujer mayor. No había asientos libres, pero porque dos adolescentes estaban ocupando dos asientos cada uno. Un sudafricano grande y corpulento les dijo que se movieran e hicieran lugar. Ellos lo insultaron con la actitud arrogante típica de los adolescentes. Él se levantó, levantó a uno de ellos y lo empujó hacia atrás para que se sentara en un solo asiento y, con el acento afrikáans más marcado que se puedan imaginar, le dijo: “Debes tener mucho cuidado con quien te portas mal”. Después de eso, no dijeron ni una palabra.
Enseño inglés a estudiantes de secundaria. Tengo una clase en la que el “payaso de la clase” siempre está molestando, pero su método consiste en gritar palabras alentadoras cada vez que alguien responde a una pregunta. Por ejemplo: “¡Eres un genio!” o “¡Eres muy inteligente!”. Tengo que fingir que me molesta porque sé que dejará de hacerlo si se entera cuánto me encanta.
Cuando era estudiante, trabajé en Starbucks. Un día, una de nuestras clientas más frecuentes entró llorando porque se había enterado de que su novio la había engañado.
Nuestro supervisor sacó un pastel de chocolate, lo dejó caer a propósito sobre el mostrador (desde una altura de unos 2 cm) y dijo: “Uy, se me cayó. Ya no lo podemos vender”.
Le entregó el pastel a la clienta, un tenedor y un recipiente de crema batida mientras yo le preparaba una bebida gratis.
Luego procedió a decirle a la gente que se había acabado el pastel por ese día.
Diez años después, todavía recuerdo la sonrisa que ella nos dedicó :).
Un chico con el que fui al colegio fue dos veces campeón estatal de lucha libre. Daba miedo, tenía una complexión física impresionante a los 14 años y, a los 18, era una pared de músculos. También era un cretino, muy agresivo y un gran bully… con los que hacían bullying.
Este chico golpeaba a cualquiera que se metiera con alguien que no pudiera defenderse solo. Si veía a un chico más grande intimidando a uno más pequeño, se las veía con él. Era el superman de mi escuela. Si alguien te causaba problemas, acudías a él. Él se encargaba.
Trabajaba en una cafetería. Una señora estaba hablando por teléfono y era momento de hacer su pedido. Normalmente, yo manejo estas situaciones con un poco de maldad y haciendo, en voz alta, todas las preguntas que se me ocurren y que requieren más que un simple “Sí” o “No” como respuesta. Ese día en particular, un hombre que estaba detrás de ella empezó a gritar: “¡Cuelga el teléfono y haz tu pedido!”, y luego la regañó en público por ser maleducada. Era todo lo que yo siempre había querido decir. También asustó muchísimo a la señora grosera.
Recuerdo que en la secundaria había una señora que trabajaba en el comedor y siempre cocinaba un poco más de galletas, pizza o papas fritas y luego decía que no eran aptas para la venta. Resulta que se las daba a los niños que comían comida insípida porque no tenían dinero para el almuerzo.
Uno de mis amigos robó una escalera de un garaje para ayudar a un niño a bajar de un árbol y luego la devolvió a su lugar.
A veces llamo a complejos de apartamentos que sé que no ofrecen servicio de reciclaje y finjo estar interesada en vivir allí. Luego pregunto si hacen reciclaje y me voy cuando me dicen que no. Hace varios meses que hago esto con los mismos lugares desde diferentes números para que no sospechen. A veces también les pido a mis amigos que llamen.
Hasta ahora solo uno ha añadido lo del reciclaje, ¡pero sigo trabajando en ello!
Estaba en una fiesta y había alguien vestido con falda escocesa que estaba obligando a todos a ponerse protector solar. Te saludaba con una voz muy amable y te ofrecía una de sus cervezas, pero solo si te ponías protector solar.
Era la persona más genial del lugar.
Me gusta meter monedas en las máquinas expendedoras de comida para alimentar a las cabras en los zoológicos locales. Es divertido ver a los niños tan emocionados y a los papás enojados porque se ven obligados a parar y dejar que sus hijos alimenten a las cabras. No es algo super caótico, pero bueno, veinte dólares alcanzan para bastante.
En mi país, los baches no suelen ser reparados. Se creó un grupo en Facebook llamado “Adoptar un bache” y empezaron publicando fotos de baches y etiquetando a la autoridad gubernamental responsable (el gobierno es responsable de los daños causados a los coches por los baches *de los que están al tanto*, por lo que los etiquetaban como prueba). Pero seguían sin repararlos. Y ahí fue cuando la cosa se descontroló. La gente empezó a plantar palmeras dentro de los baches y publicar las fotos. Puedo asumir que fue útil porque vi una foto de uno cerca de mi barrio, así que me acerqué para corroborar y en pocos días lo habían reparado.
Edito para aclarar: Sentí la necesidad de compartir algunas de las fotos del grupo de Facebook.
Dios, amo a mi país y a mi gente.
Otra aclaración: Sí, son árboles de plátano. Lo siento, en español se consideran palmeras.
Conocí a alguien que una vez le hizo una broma extendida a un amigo llenándole el tanque de gasolina. Cuando el tanque estaba casi vacío, le robaba las llaves, salía a escondidas, iba a la gasolinera, lo llenaba, devolvía el coche y le devolvía las llaves. Al dueño del coche le llevó meses darse cuenta de lo que estaba pasando.
Para mi proyecto de diseño de ingeniería, el líder de nuestro equipo me asignó la tarea de investigar varias empresas y centros de nuestra zona para determinar el costo de imprimir en 3D una pieza que necesitábamos para el proyecto, y luego enviarle un informe con lo averiguado. En lugar de hacer eso, lo ignoré y me pasé el día preguntando hasta que encontré a alguien que me prestó su impresora. Al día siguiente, me dediqué a aprender por mi cuenta cómo imprimir los prototipos que necesitábamos y me presenté a la reunión del equipo con un prototipo funcional para nuestro proyecto, lo que nos permitió adelantarnos varios días al calendario previsto sin haber cumplido ni uno solo de los objetivos que se me habían asignado.
