15 cosas divertidas, ingeniosas y atrevidas que la gente logró decir en un momento de exaltación
Cuando empieza un nuevo año, muchos de nosotros presionamos el botón de reinicio mental. Algunas personas se comprometen a comer mejor, otras a ahorrar dinero y unas pocas deciden que este será finalmente el año en que se volverán más geniales, más tranquilas y más seguras de sí mismas. Y, luego, están esos momentos en los que la confianza aparece de forma accidental.
Eso es exactamente lo que pasó aquí. Alguien pidió en Internet que las personas contaran lo más inesperadamente atrevido, audaz o legendario que dijeron en un momento de exaltación. Sin planearlo, sin ensayar… solo por puro instinto y sin filtros. Las respuestas fueron muy divertidas, impresionantes y, en ocasiones, asombrosas. Sigan deslizando para ver los momentos en que esta gente, sin querer, sonó mucho más icónica de lo que pretendía.
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Nunca olvidaré el momento en que una familia entró al bar donde yo trabajaba. Eran un padre alfa calvo, su esposa y sus hijos, y les dije: “Bienvenidos, ¿dónde quieren sentarse?”. El hombre me respondió bruscamente: “Bueno, en una mesa estaría bien”, y sin perder el ritmo, le contesté: “En realidad, aquí solemos sentarnos en sillas”. Nunca olvidaré la satisfacción de ese momento ni la expresión de su rostro ja, ja.
Tenía una discusión con mis padres en la que ellos estaban claramente equivocados y no entendían el tema. Comenzaron a gritar porque no tenían argumentos, y empezaron a hablar del respeto que les debía como hijo, diciendo que era un irrespetuoso por contradecirlos. Solo respondí algo como “¿De dónde habría aprendido a respetar si nunca los he visto respetarme a mí ni a nadie?”, y se quedaron completamente en silencio.
Pandas, para muchos de nosotros, el año nuevo suele ser como un nuevo capítulo. Trae consigo nuevos comienzos, nuevas esperanzas y la promesa silenciosa de hacer las cosas de forma un poco diferente. Aunque aún no sabemos cuáles son sus propósitos, y siempre pueden compartirlos en los comentarios, hay algo que casi todo el mundo desea: sentirse más seguro de sí mismo. La confianza puede cambiar la forma de hablar, de caminar y de afrontar los altibajos de la vida. ¿No sería estupendo entrar al 2026 sintiéndonos un poco más fuertes y seguros? La buena noticia es que la confianza es algo en lo que se puede trabajar, poco a poco.
“Ve a esperar con mamá, puede que papá vuelva a la cárcel”. Un hombre empujó a mi hija de 5 años y ella empezó a llorar. Cuando el hombre me escuchó decir eso, salió corriendo de la tienda.
Nunca he estado en la cárcel.
En la secundaria tenía una clase que simplemente se llamaba “clase de lectura”, dada por una señora cristiana conservadora. Yo estaba leyendo Jurassic Park y la maestra me pidió que se lo mostrara. Como buen estudiante, obedecí. Al día siguiente me lo devolvió y me dijo: “No puedes leer este libro en nuestra clase porque utilizan el nombre de Dios en vano”. La miré directamente a los ojos y le respondí: “¿Usted no diría palabrotas si la persiguieran los dinosaurios?”.
Uno de los primeros pasos para desarrollar la confianza es salir de la zona de confort. Probar cosas nuevas puede dar miedo al principio, y ese sentimiento es completamente normal. La confianza crece cuando se demuestran a sí mismos que pueden manejar la incomodidad. Es posible que fracasen las primeras veces, y eso también está bien. Piensen en algo sencillo, como cocinar, si nunca lo han hecho antes. Empiecen con una receta fácil en lugar de algo complejo. Cada pequeño logro se suma y poco a poco demuestran que son más capaces de lo que pensaban.
Me operaron y, cuando desperté, vi que la enfermera era MUY LINDA, así que empecé a coquetear con ella (sin tener éxito)... Me operaron por segunda vez y, cuando desperté, estaba la misma enfermera. Lo primero que le dije fue:
“¿Por cuántas operaciones tengo que pasar para que me des tu número de teléfono?”
(Ya llevamos casados 8 años).
Trabajaba en una librería y un cliente me preguntó: “¿Con qué frecuencia salen las publicaciones periódicas?”. Le respondí con total seriedad: “Periódicamente”. Pidió hablar con mi jefe, pero valió la pena.
Esto sucedió en mi tercer año de carrera. Al comienzo del semestre, me presenté con mi intimidante profesor de bioquímica (era un genio, pero los estudiantes tenían mucho miedo de hacerle preguntas porque era conocido por someterlos a un interrogatorio y, si no se habían preparado lo suficiente de antemano, los echaba de su clase para que aprendieran por su cuenta). Cuando entré, él estaba revisando unas cajas e hizo un comentario muy sarcástico sobre meterme en una caja y enviarme a algún lugar.
Levantó la vista para ver mi reacción y yo, sin pensarlo, le dije: “No me molestaría ir a algún lugar lindo…”. El tipo se rió tanto que me sorprendió un poco. Nos llevamos bastante bien durante el resto del semestre, ¡así que todo salió muy bien! Es increíble lo que la risa puede lograr.
Yo era una chica nerd, tímida y bajita. Constantemente me emparejaban con niños con problemas o que se portaban mal para que pudiera “ayudarlos”.
En esta ocasión, eran dos chicos populares de la clase de inglés. Uno era el típico deportista de los cómics de la década de los 2000, y el otro era el payaso de la clase que no sabía cuándo parar. Juntos, acordaron por unanimidad no hacer nada y burlarse de nuestros compañeros, mientras yo hacía la nube de palabras más fea del mundo. (Reprobé la clase de arte, así que no es broma).
Supongo que tuve una revelación, porque por primera vez en mis 15 años de vida, decidí que ya estaba harta y fui a decirle al maestro que esos chicos eran unos idiotas perezosos y prefería trabajar sola. Pasó un buen rato hasta que el bromista se dio cuenta de que me había ido, y cuando lo señaló, el deportista se levantó como si estuviera listo para salir disparado de sus pantalones tiro bajo.
El deportista dijo: “¿Por qué nos estás delatando? Si no hicimos nada”.
Y yo respondí: “Sí, ese es el problema”.
Y salí de la clase en silencio… porque estaba tan acostumbrada a que me intimidaran que esperaba que me tiraran una silla. Pero, aparentemente, me veía muy segura de mí misma, lo cual me dio un respeto callejero accidental que mi cabeza nerd estuvo 100% dispuesta a aceptar.
Soy escritor y también hago un poco de stand up. Por eso, la gente suele presentarme ante otras personas como “humorista”, “escritor”, etc.
Estaba afuera de un bar fumando con un amigo de un amigo, el cual me presentó a uno de sus amigos. El chico iba vestido como Liam Gallagher de Oasis y parecía tener un aire un poco arrogante y burlón.
La presentación fue así:
Amigo de mi amigo: Sr. Gallagher, este es WriterOfWrongs, es comediante.
Sr. Gallagher: (me mira de arriba abajo) ¿Comediante, eh? ¿Eso quiere decir que te crees gracioso?
WriterOfWrongs: No, significa que todos los demás creen que soy gracioso.
Literalmente, no sé de dónde salió eso. No pensé en la respuesta, solo salió.
Otro hábito importante es aprender a dejar de compararnos con los demás. Es fácil mirar la vida de otras personas y sentir que nos estamos quedando atrás. Lo que olvidamos es que cada uno sigue un camino diferente, con sus propias dificultades y tiempos. Las redes sociales suelen mostrar lo más importante, no el panorama completo. El camino es solo de ustedes y no tiene por qué parecerse al de nadie más. Cuando se enfocan en su propio progreso en lugar de en el éxito de los demás, la confianza crece de forma natural. Dénse crédito por lo lejos que han llegado.
“No es posible que seas tan idiota por naturaleza, seguro vas a tu casa y practicas”.
Le dije eso a un compañero de trabajo que estaba haciendo un berrinche y acosando a otro compañero más callado. Tenía la costumbre de comportarse como un idiota cuando las cosas no salían como él quería. Este comentario lo enojó tanto que se metió en su oficina y se quedó allí el resto del día (Una victoria para todos nosotros).
Me acusaron de ser pasivo-agresivo. Respondí: “¿Qué parte te pareció pasiva? No quiero parecer pasivo”.
El primer día de acampada en un festival de música en 2016, salí con un bidón de 15 litros para ir a buscar agua.
Una chica de nuestro grupo, a la cual no conocía, me preguntó si necesitaba ayuda. Le respondí: “No, pero me encantaría tener compañía”.
Nos vamos a casar en otoño.
Un amigo me estaba molestando mientras jugábamos a los bolos. Sin pensarlo dos veces, le grité: “¡Eres adoptado! ¡Ni siquiera les caes bien a tus padres!”. Él se rió, porque somos amigos. Como tres horas después, me di la vuelta y le dije: “De verdad eres adoptado (¡se me había olvidado!). Lo siento mucho, amigo”. Esto, según él, hizo que toda la situación fuera aún más divertida.
No es el mejor ejemplo, pero es como en situaciones acaloradas en las que tristemente se cae en el insulto y se usa aquello de "hijo de p...", si realmente estás pensando en su madre no tienes nada de buena persona
Estaba loca por este chico. Era inteligente, guapo, divertido y un poco mayor que yo. Después de unas semanas de salir juntos, me dijo que no estaba preparado para comprometerse. Le dije que viniera a buscar su libro a mi casa y que no volviera a ponerse en contacto conmigo, porque me dolía demasiado. Estaba enamorada de él.
Así que vino a mi apartamento, le di su libro y empecé a cerrar la puerta. Él puso el pie para impedirlo y me dijo: “No sé qué hacer. No estoy listo, pero no puedo dejar de pensar en ti”.
Aparté mi mano de la puerta, le di el libro de todos modos y le dije: “Entonces ven a buscarme a las 7”.
En fin, ahora estamos casados.
Establecer metas realistas es otra parte fundamental para desarrollar la confianza. Las metas grandes son excelentes, pero pueden resultar abrumadoras si no se dividen en partes más pequeñas. Comiencen con cosas más pequeñas y alcanzables que los mantengan motivados. Aprender a decir que no es igual de importante. No tienen que complacer a todo el mundo ni asumir todas las responsabilidades a la vez. Proteger el tiempo y la energía los ayudará a sentir que tienen un mayor control sobre sus vidas. La confianza suele provenir de conocer sus límites y respetarlos.
Soy fanático de la tecnología, siempre me han gustado los teléfonos, las computadoras, etc. A una de mis exnovias le molestaba esto (porque no le dedicaba toda mi atención a ella).
Un día, me dijo que yo quería más a mis aparatos electrónicos que a ella.
Sin pensarlo siquiera, le respondí: “Sí, porque tienen un botón de silencio”.
Lo de "A una de mis exnovias..." deja entrever tantos detalles que no sé yo
