Los gatos son criaturas majestuosas y misteriosas, y algunos dirían que incluso míticas. Por ello, no nos sorprende que las personas a quienes siempre les fascinaron los gatos hayan intentado explicar las razones de su comportamiento. Pero algunas observaciones son menos acertadas que otras, y las explicaciones acerca de la verdadera naturaleza de los felinos dio origen a muchos mitos. Se podría decir que los mitos son bastante inofensivos, pero la verdad es que pueden causarles un daño real a los gatos o a la relación entre estos y sus dueños.

Tatiana Kulikova es una experta en zoopsicología, una rama de la psicología que ayuda a explicar por qué ciertos animales actúan de cierta manera. Con frecuencia ayuda a las personas, en especial a aquellos que tienen gatos, a mejorar la relación con su preciada mascota y corregir su comportamiento. Tatiana tiene un blog en el que comparte sus conocimientos y experiencias con sus lectores, y también realiza consultas privadas para aquellas personas que necesitan consejos específicos. Hoy nos va a ayudar a aclarar los mitos que rodean a los gatos, en un intento por mejorar la calidad de vida tanto de los gatos como de los dueños.

En una de sus publicaciones del blog, habló acerca de 13 de los mitos más comunes sobre los majestuosos gatos, y los hemos traducido para ustedes, estimados lectores. Casi que podemos garantizarles que los sorprenderán, o se darán cuenta de que algunos de los mitos en los que siempre creyeron no eran completamente ciertos.

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1. Los gatos son vengativos y planean vengarse de sus dueños

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Esto no es para nada verdad. Todo lo que hacen se debe a sus experiencias e instintos, que moldean la forma de ser de un gato. Cualquier comportamiento busca conseguir algo, pero no se basa en las categorías morales de “bueno” o “malo”. Cuando orinan sobre nuestras pertenencias, no entienden que esas cosas cuestan dinero, que pueden arruinarse, o que nos podemos molestar por ello. El gato simplemente actúa según lo que le dice su instinto. En el mundo del gato, el dinero no existe, ni tampoco la idea de que un sofá sea demasiado caro como para afilarse las uñas en él, lo mismo una cama costosa. En la mente del gato, este puede marcar lo que desee a modo de comunicación con otros animales dentro de su territorio. No lo hace para vengarse de alguien; es algo que sucede naturalmente. Los gatos hacen cosas similares al marcar objetos. Esto puede ser un llamado de atención, o una forma de mejorar sus relaciones con otros animales. El mito surgió debido a que para muchas personas es más fácil no esforzarse por entender a su gato, y entonces explican su comportamiento en términos de maldad o venganza, lo que les ahorra solucionar el problema. Porque si el gato actúa con maldad o lo hace de manera vengativa, es simplemente su forma de ser, ¿verdad? Entonces, ¿por qué molestarse en hacer algo al respecto?

2. Los gatos no son animales sociales y quieren que los dejen en paz

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Este mito se aclaró hace bastante tiempo gracias a los científicos dedicados a la etiología, quienes observaron el comportamiento de los gatos en estado salvaje. En lugares donde los recursos abundan, los gatos tendían a unirse y vivir en grupos, donde criaban a sus crías en conjunto. Un buen ejemplo de esto son los gatos que merodean los sótanos, quienes suelen vivir en comunidades en lugares donde los humanos los alimentan. Además, hoy en día está bastante de moda elegir las razas sociales que necesitan a un gato amigo para no sentirse aburridos o incluso no llegar a deprimirse. Así que el dicho de que “los gatos van por su cuenta” es un poco anticuado. Muchos gatos necesitan la compañía de los humanos y otros animales.

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3. Si un gato orina sobre las pertenencias de una persona, significa que no le simpatiza

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Esto es exactamente lo opuesto. Los gatos marcan las pertenencias de sus dueños si sienten que el dueño está enojado con ellos. Esto no es una forma de venganza, más bien de hacer las paces. En la naturaleza, los gatos marcan las marcas de otro gato de su grupo con quien no se llevan bien para así poder tener un olor en común. Este olor en común del grupo les permite determinar quién forma parte de los suyos; es decir, quién es un extraño y quién es miembro del grupo. Normalmente, los gatos se refriegan contra los mismos objetos (al igual que lo hacen con nosotros y nuestras cosas), pero si hay una pelea en el grupo, entonces deben solucionarlo de manera rápida y eficiente al mezclar los olores, por lo que orinan sobre las marcas. Los gatos orinan sobre las marcas, los olores se mezclan, y se hacen amigos de nuevo. Los gatos actúan de la misma manera en caso de que haya una pelea con el dueño. Y se sorprenden si, como respuesta a esto, el dueño se pone más agresivo. Entonces empiezan a marcar con mayor frecuencia, ya que piensan que no fue suficiente para reconciliar la relación, y el dueño se enoja cada vez más.

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4. El gato rasguña los muebles porque tiene malos modales y los hace para vengarse de sus dueños

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La necesidad de rasguñar es una parte integral de la vida del gato. Los gatos no rasguñan las superficies por una simple “manicura”. Al hacer esto, también marcan el territorio de dos formas: primero, con el olor (tienen glándulas en las patas que expulsan feromonas) y segundo con marcas visuales. También liberan el exceso de energía o frustración. Eso es exactamente lo mismo que hacen en la naturaleza, al rasguñar árboles y cercas en su territorio. En un apartamento o una casa, se da la misma situación. Si el gato no tiene los lugares correctos para rasguñar y se lo entrena para usarlos con un incentivo positivo, entonces lo hará en cualquier lugar que encuentre disponible, en especial sofás y sillas. No importa cuántas veces castigues a tu gato por hacer esto, no se dará cuenta del hecho y no se detendrá, ya que es parte de su instinto. Simplemente cómprale a tu gato un buen rascador, colócalo en cada cuarto de la casa, y enséñale a usarlo.

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5. No es necesario entrenar a los gatos

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Muchas personas creen que los perros necesitan entrenamiento pero que los gatos pueden llevarse a la casa para que vivan como quieran. Con los perros, van a cursos, leen libros de entrenamiento, y practican dar órdenes. Mientras tanto, los gatos simplemente se llevan a la casa, y se espera que se comporten. Esto es una locura. Los gatos también necesitan entrenamiento como cualquier otro animal, a menos que quieran vivir en un apartamento arruinado y lleno de marcas de rasguños…

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Teniendo esto en cuenta, debemos entender que hay una gran diferencia entre crianza y castigo. La crianza utiliza muchos aspectos sociales que ayudan a formar el comportamiento deseado, con incentivos positivos y negativos. El castigo es, en la mayoría de los casos, solo una forma de expresar la frustración que proviene de la desesperación o de no poder cambiar algo para bien. El castigo no funciona con los gatos. La única cosa que entienden es que su dueño se está comportando de manera agresiva con ellos y que deberían temerles. ¡Críen a sus gatos con amor!

6. No hace falta jugar con los gatos, se entretienen solos

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Esto no es completamente cierto. Si tu gato vive en una casa con patio o sale todos los días, entonces la necesidad de jugar, como una actividad física, será menor que la de un gato que vive en un departamento. Cuando es un gato de ciudad, los dueños deben jugar con él por la menos media hora por día, así el gato tiene una manera de descargar su energía, se mueve, y no se vuelve obeso. Los juegos tienen más que un solo propósito: forman un lazo psicológico más fuerte entre dueño y mascota, fortalecen la confianza, y promueven el entendimiento mutuo. Todos los gatos necesitan pasar tiempo de calidad con sus dueños jugando con ellos. Si quieres que tu gato confíe en ti y te quiera mucho, entonces, ¡juega con él todo el tiempo!

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7. Si el gato se muestra agresivo con el dueño, es porque quiere “dominar”. Entonces, tienes que bufarles, tomarlos por el pellejo del cuello y sacudirlos, y presionarlos contra el suelo para demostrarles quién es el jefe

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Tanto la conclusión sobre el comportamiento del gato como la forma para eliminarlo están fundamentalmente mal. Los gatos no dominan a los humanos. Los felinos pueden mostrarse agresivos por muchas razones: porque desean jugar, o llamar la atención, o como una reacción de temor cuando desconfían de su dueño. La agresión también puede ser a causa de caricias en exceso o de una alteración hormonal. Pero no hay un solo tipo de agresión contra los humanos que pueda asociarse con la dominación.

El método para solucionarlo que se propaga junto con el mito solo empeora al gato y puede hacer que la relación entre gato y dueño se destruya por completo, y hará que tenga miedo del dueño. ¿Es eso lo que quieres?

Muchos usan este método como castigo, al ver que la madre felina castiga a sus pequeños mininos de la misma manera: los agarra por el pellejo del cuello, los presiona contra en suelo, e incluso les sisea. Pero este método de crianza solo funciona con gatitos de hasta 4 meses de edad, en un momento crítico donde todavía están aprendiendo a vivir con su madre. Más adelante, el gato comienza a percibir ese comportamiento como una agresión que proviene del enemigo. No puedes usar un comportamiento agresivo para responder a otro comportamiento agresivo. Primero, tienes que entender las razones que ocasionan esa conducta y eliminarlas. De esa manera, esa agresión disminuirá.

8. Los gatos no se enferman si no salen

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Este mito lo derribaron los dueños de los gatos, ya que hay muchas historias tristes sobre gatos que tuvieron infecciones, aunque nunca hayan salido de sus casas. Los dueños pueden traer muchos virus y bacterias de la calle en sus zapatos y ropa. Los gatos que conviven con perros están particularmente en riesgo, ya que a los perros les encanta interactuar con heces y pueden llevar un montón de virus en su pelaje.

La plaga felina (panleukopenia) puede sobrevivir en el ambiente hasta por 5 años, y puede soportar temperaturas muy altas y bajas, por eso es tan peligrosa. La tasa de mortalidad oscila entre un 70% a un 90%.

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Muy a menudo este mito se perpetúa gracias a las personas que no quieren vacunar a sus gatos. Pero si entendieron bien, el mito es falso, y hay que vacunar a los gatos. Solo las vacunas pueden ayudar a prevenir infecciones o a fortalecer el sistema inmunológico del gato para que pueda combatir a los virus. Por lo tanto, incluso si tu gato nunca salió de la casa en toda su vida, vacúnalo de todas formas.

El comportamiento agresivo de tu gato, por ejemplo, puede estar asociado con la epilepsia, con la alteración hormonal, o con un dolor severo, y los veterinarios pueden equivocarse y tratarlo como un síntoma de la rabia. Si el gato no está vacunado con este terrible virus, que puede transmitirse a los humanos, entonces se le niega el tratamiento, o puede quedar en cuarentena, de donde solo unos pocos salen.

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9. Los gatos siempre caen de pie

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Esta es una verdad a medias. Es real que los gatos poseen reflejos innatos que les permiten darse vuelta en el aire si están cayendo de espaldas al suelo. Pero, ¿funciona realmente, y puede salvar a un gato que cae desde una gran altura?

Resulta que este reflejo no siempre funciona. Cuando caen desde una altura demasiado baja, como los brazos de un niño, los gatos no tienen el tiempo suficiente para darse vuelta. Y cuando caen desde una mayor altura, puede ser que el shock impida que el reflejo funcione como se espera. Además, cuando un gato cae desde una gran altura, no importa qué tan bien pueda ir disminuyendo la velocidad de la caída al deslizarse, el impacto será tan fuerte que es probable que se lastime, y termine con las patas o quijada quebradas, una contusión, etc. Muchos gatos ni siquiera sobreviven una caída desde el tercer piso. Cuando caen desde una gran altura, definitivamente habrá dolor.

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10. Los gatos se curan al lamer sus heridas y comer el pasto correcto

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Este es un mito que viene de la época en que no había veterinarios. Estos poderes de autosanación se les atribuyeron a aquellos gatos que sobrevivieron a diferentes enfermedades sin tratamiento alguno, pero aquellos que no sobrevivieron no se tomaron en cuenta. Por supuesto, la mayoría murió, pero elogiaron a los gatos que sobrevivieron, y se gestaron muchas historias maravillosas alrededor de ellos. La realidad es que los gatos no son capaces de automedicarse, simplemente cuentan con un sistema inmunológico. Los gatos mastican el pasto para deshacerse de las bolas de pelo en sus estómagos. No distinguen entre las distintas variedades del pasto, y sus instintos no les dicen que tienen que comer hierba de San Juan para el estómago, o milenrama para tratar un absceso. 

Lamerse las heridas es parte del instinto de los gatos. De hecho, en la naturaleza, la única forma que tienen de limpiar una herida es lamer su superficie. Pero, a menudo esto puede causar más daños que beneficios: por ejemplo, pueden lamer una herida pequeña y hacerla más grande. Las bacterias que hay en la lengua de los gatos también pueden causar una infección. Por esta razón es que cuando se lastiman o tienen una operación, se les pone un “collar isabelino” para que no se relaman la zona de la herida.  

Las personas que tienden a justificar este mito son aquellas que suelen llevar a sus gatos enfermos al bosque o fuera de su ciudad. En lugar de brindarles los cuidados veterinarios que necesitan, los arrojan en el bosque para que puedan “curarse a sí mismos con las hierbas”.

11. Los gatos no se apegan a las personas, sino a las casas

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Esta es una verdad a medias. La información proviene de una época en la que los diferentes tipos de gatos todavía no se conocían muy bien, y los gatos vivían en la calle, no dentro de la casa. Los gatos modernos, en su mayoría, están apegados justamente a sus dueños, aunque puede preocuparles un cambio de entorno. Se llevaron a cabo experimentos en los que se puso a un gato en un ambiente extraño, primero solo, y después con su dueño. En la segunda situación, los gatos estuvieron mucho más cómodos. Se determinó que para la mayoría de los gatos modernos, la base de su seguridad sigue siendo su dueño, al igual que para los perros, con quienes también se desarrollaron experimentos en varias oportunidades.

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Pero hay gatos que tienen la idea fija de volver caminando a su adorada casa anterior, incluso si está a 10 kilómetros de distancia. Estos gatos no tienen la misma relación con sus dueños que otros gatos de interior, poseen un lado salvaje o simplemente una personalidad muy independiente, o socializan muy poco. Estos gatos están más apegados a una casa que a su dueño, y preferirían quedarse en su antigua residencia antes que mudarse.

12. Los perros y los gatos son enemigos eternos

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Sorprendentemente, muchas personas todavía creen en este mito. De hecho, con la crianza adecuada, los perros y los gatos se llevan bien. Con frecuencia, se llevan incluso mejor que los gatos entre sí. La razón es que los gatos son más agresivos con los individuos de su misma especie, que con los de especies diferentes. Un perro que no es agresivo no compite por los recursos, pero otro gato representa una competencia por la comida, las parejas, y el territorio. Es por esto que un gato que no tiene ninguna experiencia negativa al interactuar con perros puede hacerse amigo de estos con mayor facilidad que con otro gato.

Si ambas especies conviven durante un largo tiempo, aprenden a cooperar e incluso a llevar a cabo operaciones para conseguir comida o abrir el refrigerador. Yo misma he visto  a mi gato arrojarle objetos al perro desde la mesa, para luego observar divertido mis  intentos de quitarle el envoltorio de caramelos o un pepino al perro.

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13. Los gatos comen pescado, salchichas (salame), y beben leche

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Hay muchos mitos acerca de la comida para gatos, pero este es el más popular. Antes, en tiempos de escasez de productos de supermercado, se alimentaba a los gatos domésticos con salchichas y leche, y esto se consideraba una exquisitez. Pero ahora que las salchichas de calidad son más caras que la carne y que hay más tipos de productos que proveen nutrientes naturales, no se debería alimentar a los gatos con esas comidas. Como son depredadores naturales, los gatos comen carne cruda, así que la carne procesada en la salchicha posee poco o nada de nutrientes. Nada les pasará si comen una salchicha cocida de vez en cuando, pero no puede ser parte de su dieta diaria. 

La leche también tiene sus contrapuntos. Muchos gatos adultos pueden dejar de tolerar la lactosa, y es por eso que la leche les da diarrea. Si le pasa eso a tu gato, no le des más leche. Esta bebida contiene grandes cantidades de calcio, por lo que si un gato lo consume todos los días (y, especialmente, en lugar de tomar agua), puede ocasionarle cálculos renales.

¡Recuerda que la leche es comida, no agua! Es crucial proveerle al gato la hidratación que necesita, en especial si consume comida seca.

Si tu gato es tolerante a la lactosa y ama la leche, puedes dársela como un premio algunas veces en la semana, pero nunca debe ser parte de su dieta diaria.

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El pescado es un tema completamente diferente, puede ser beneficioso porque contiene ácidos grasos y omega tres, y los gatos aman su sabor. Les pueden dar pescado de mar un par de veces a la semana, y será un gran beneficio para ellos. Pero el pescado no debe ser la base de su dieta, ya que algunas variedades (como la carpa) no contienen aminoácidos como la taurina. Además, si lo cocinas, los aminoácidos se evaporan con el calor. Los gatos solo pueden obtener taurina de la comida, y no la pueden sintetizar por su cuenta. La mayoría de los pescados tiene muy poca taurina en comparación con la carne o el pollo. Si alimentas a tu gato solo con pescado, puede enfermarse gravemente. La deficiencia de taurina puede causar ceguera y problemas cardíacos. Por supuesto que hay pescados que tienen una importante cantidad de taurina, como el salmón o el atún. Pero, ¿cuántas personas pueden darse el lujo de alimentar con eso a sus gatos?